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La dependencia emocional

05/12/2019

5.12.2019

 

Alicia no tiene una personalidad dependiente. Las personas con este rasgo suelen ser indecisas y complacientes

Cuando se adentra en el terreno de las relaciones sentimentales, se vuelve insegura y sumisa. Necesita sentir de manera constante el afecto de Pedro, un compañero de trabajo con el que ha empezado a salir: si él no responde a sus llamadas, se asusta; si no se ven la vida pierde color.

Cuando se encuentran se esfuerza en ser la mejor consejera o en tener los detalles más cariñosos.

Sufre un trastorno del vínculo denominado dependencia emocional: una forma de relacionarse que produce un gran sufrimiento y que se considera un tipo de adicción sin sustancias. Son personas enganchadas a sus parejas como otros adictos lo son al alcohol o al sexo.

 

¿Se reconoce en alguno de estos síntomas?

 

  1. La necesidad de estar junto a la pareja y de tener constantes manifestaciones de afecto.
  2. Ansiedad si no recibe atenciones por parte del ser amado.
  3. Piensa a menudo en su relación a lo largo del día.
  4. Hay un desequilibrio porque las necesidades del otro priman sobre las suyas.
  5. Idealización de la relación o de los momentos que pasan juntos.
  6. Necesidad de estar en constante comunicación.
  7. Incapacidad de manejar la compulsión si el otro no responde como espera, por lo que, puede enviar interminables WhatsApps.
  8. Siempre elige estar con su pareja frente a quedar con amigos.
  9. Pánico a perder la relación y, si se produce, es un auténtico shock emocional.
  10. Angustia vital ante la idea de quedarse solo.

 

Para que se produzca el vínculo amoroso es necesario un cierto grado de dependencia emocional sana y saludable por ambas partes, sin embargo, en la dependencia patológica hay un desequilibrio porque el patrón habitual en la relación es el de sumisión y obsesión del dependiente y la idealización del compañero a expensas de la propia autoestima, entendida como respeto hacia uno mismo.

Si alguna vez el dependiente manifiesta su desagrado acaba sintiéndose culpable: "Pobrecillo, cómo lo trato", afirma, acobardado por el miedo al abandono. 

La dependencia emocional se produce tanto en mujeres como en hombres, aunque ellos lo ocultan por vergüenza, pese a que el dolor de este trastorno es insoportable para todos. También se puede dar entre miembros de la familia o amigos.

Parejas de los dependientes

Un dependiente puede elegir como pareja a una persona que no tenga un carácter autoritario o egoísta, que se sentirá enseguida abrumada ante la insaciable necesidad de afecto de su amabilísima y agobiante pareja, por lo que querrá dejar la relación, pero no suele ser lo habitual porque las relaciones sanas no interesan a un adicto afectivo que busca los fuegos artificiales de las relaciones patológicas.

Por ello, elige parejas poco empáticas y con rasgos narcisistas que, después de una primera fase eufórica, pasan a tener un juego destructivo: alternan de manera aleatoria momentos de acercamiento con el olvido o el rechazo, por lo que, el dependiente se engancha a la espera de que su proveedor amoroso le suministre la siguiente dosis de afecto, por mínima que sea.

En este punto está Alicia, que hoy se ha sentado en la consulta más tranquila porque él le ha dicho que la quiere por WhatsApp anexando una bonita foto de la playa donde pasa sus vacaciones sin ella.

Este tipo de vínculo disfuncional, llamado apego ansioso, se aprende muy pronto en la vida, quizás por sobreprotección, por abandono afectivo o por el chantaje emocional.

Alicia fue valorada en familia como la hija altruista y cuidadora de un hermano problemático y egoísta.

Ahora reproduce en sus relaciones sentimentales su personal versión de La Bella y la Bestia, donde espera que su amor haga aflorar al hombre auténtico que sólo ella es capaz de ver.

Cómo actuar

Reconocer que se trata de un trastorno psicológico.

 

Eliminar las conductas que hacen daño; esto producirá mucha ansiedad, utilice técnicas de relajación y en algunos casos necesitará medicación.

 

Reforzar la autoestima con técnicas como la del espejo (repetir me cuido y me respeto mirándose a los ojos en el espejo) o el cambio de creencias erróneas (mis necesidades son tan importantes como las necesidades de mi pareja).

 

Empezar a hacer cosas solo, que antes parecían imposibles.

 

Disfrutar de rutinas placenteras tanto con amigos como con familiares recordando que en su vida hay otros pilares: la familia, los amigos, el trabajo, la acción social y la relación más importante: la que tiene consigo mismo.

Si no puede hacerlo solo, acuda a un psicólogo especialista en relaciones, es de personas fuertes pedir apoyo cuando se necesita.

 

Fuente: www.elmundo.es




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