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¿Qué podría enseñarle una madre a su hija mujer respecto del amor en pareja?

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Martes, 08 de Julio de 2014

"El día que una mujer pueda amar no con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal". Simone de Beauvoir.

Luisa Díaz Ortega

¿Qué podría enseñarle una madre a su hija mujer respecto del amor en pareja?


Hay distintos tipos de madres, más madres que mujeres, más mujeres que madres, más hijas que madres, etc. Cada cual con dificultades y acomodos, conflictos y alivios que se ponen en juego de una manera particular en la relación que ésta construye con su hija. Siendo común a toda relación de una madre y su hija mujer, algún grado de enredo, hostilidad y dolor. Hay algo que la madre no podrá ofrecer nunca a la pequeña, nunca la calmará del todo. Por cierto, esto es lo mejor que puede ocurrirle, ya que ahí donde no consuela y no tapa la madre, habrá un espacio para que surja el deseo de la niña/mujer y así la posibilidad de inventar un camino propio.
En nuestras relaciones de pareja muchas veces las mujeres podemos darnos cuenta que hay algo que se parece a la relación de amor, odio y hostilidad que se tuvo con la madre. No es raro escuchar en la clínica frases como, "él me desespera tanto como mi madre", "él me abraza como lo hacía mamá cuando pequeña", "él no me entiende", "él prefiere a otra". Así con nuestro hombre repetimos ese circuito de demanda y amor, pero por sobretodo el desasosiego que experimentamos las mujeres con nuestras madres al no recibir una respuesta toda.
Una madre puede enseñarle a su hija de la alegría y la creatividad, cuando facilita su separación y le muestra la vida con optimismo. ¿Que sería eso para una hija?, ayudarle a saber hacer algo ahí donde falta. Inventarse un lugar de mujer, como una suerte de aventura, un espacio a la creación, algo así como aprender a ponerle colores a su lienzo.
La separación con la madre puede instalarse como una inquietud a resolver si la madre logra soportar y animar la diferencia de su hija. O bien, el estrago: separación dolorosa y muy hostil a consecuencia de las distintas aprensiones, rivalidad, y desamor materno. Si bien, siempre nos encontramos con algo del estrago, lo auspicioso devendrá en las posibilidades de creación y confianza.
Cecilia Hopen dice para que una madre pueda ayudar a su hija a la separación es necesario que ésta tenga una relación feliz con su falta, lo que hace de esa madre alguien con una identidad sexual y, gracias a esa falta, se encuentra deseante. Así una madre podrá: hacia adentro, invitar a su hija al equipo femenino de las mujeres y, hacia afuera, la empujará a lo social y al encuentro con un hombre de manera más tranquila.
No es lo mismo una madre melancolizada que teme a la vida y sufre con la distancia de su hija al crecer, que una madre que le facilita el encuentro con las amigas y la acompaña a las clases de baile. No es lo mismo una madre que no sabe qué hacer con su soledad y se angustia, que una madre que le muestra a su hija que un hombre la ordena, la calma y ella disfruta. Es decir una madre que se relaciona con su hija a través de su lugar madre y de su lugar mujer. Una bisagra, una madre que cuida a los cachorros y al mismo tiempo desea en otro lugar.
Una madre mujer y no melancolizada, podrá consentir en cuidado para luego ofrecer la ausencia que favorezca la creatividad y autonomía. No muy lejos para no angustiar en demasía y no tan cerca como para no trabar la astucia de su pequeña niña/mujer. Esta madre ofrece confianza y disminuye el miedo. Esa madre enseña a tejer y a amar, y esa madre a su vez tiene su propio tejido y su propio hombre. Alivia e impulsa. Genera curiosidad y potencia los atributos de su hija, que luego no querrá el tejido y tal vez sí la universidad o quién sabe qué.
Entendiendo que en la relación de una mujer con un hombre se repite algo (o mucho) del circuito amor, cercanía y distancia que se tiene o tuvo con la madre, podemos ver como una mujer en una relación feliz con su falta, podrá construir un amor más saludable con su hombre. Principalmente porque puede soportar y no sólo eso, también podrá jugar con astucia ahí donde su hombre mira a otro lugar. Podrá salir de la angustia de que éste no le de todo y caminar por los senderos de lo femenino con alegría, con nada.
Una mujer con una relación feliz a su falta, tiene menos miedo a encontrarse con lo que no hay. Podrá buscar una manera de hacer que su hombre la mire y no sentir como desamor y abandono cuando éste elige otra cosa. No se retira cuando este no la prefiere todo el tiempo, si no que confía en la posibilidad de encontrarse más tarde. No duda todo el tiempo, ya que además de vivir con más tranquilidad no ser el único objeto para el hombre, a descubierto que hacer con su propia vida más allá de él. Nada fácil.

 

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