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Niños Bonitos: Una mirada de la histeria masculina

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Martes, 03 de Junio de 2014

Luisa Díaz Ortega
"Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso"
Sigmund Freud

La histeria es una posición subjetiva que se encarga de estar siempre cuestionando y haciendo caer a la autoridad. La histeria se relaciona con el Otro buscando siempre fracturarlo, así hace sobrevivir el deseo. No hay Uno que pueda dar respuesta a la pregunta por su goce. De este modo, se reactiva su búsqueda y puede repetir una y mil veces la posibilidad de ubicarse como el objeto brillante que despierta el deseo. Al rechazar todo lugar de autoridad logra mantener el deseo insatisfecho. La histeria tiene deseo de deseo insatisfecho.
Aunque sabemos que ya Charcot habló de la histeria masculina, lo cierto es que es un lugar históricamente ocupado por la mujer. Los mayores sufrimientos de las mujeres se relacionan con este rasgo, que así como las vitaliza las agobia. No hay novedad alguna en recibir histéricas en la consulta, lo que sí es más novedoso es que ahí donde antes había un cuerpo de mujer, hoy hay miles de hombres. Nada tiene que ver esto con hombres afeminados ni homosexuales ni nada eso. La histeria nombra una determinada relación al deseo, al objeto y al falo y es esa relación la que distingue a estos machos que sufren.
¿Quiénes son estos hombres?
En su mejor versión, un atributo que los caracteriza es su brillantez, hombres simpáticos, entretenidos, muchas veces guapos, aunque no siempre. Hombres que por alguna razón llaman la atención, o bien, hacen todo lo necesario por lograrlo (claro está que algunos les resulta mejor que a otros). Al igual que las mujeres son expertos en detectar algo del deseo del otro, entonces al modo del genio de Aladino dan eso que quieres. En su versión extrovertida, llamar la atención puede ir desde ser el payaso al alma de la fiesta. En su versión introvertida, nos encontramos con los que no pueden hablar, un poco mejor la figura silenciosa...hasta llegar al que del silencio hace un enigma.
Una manera simple de explicar el problema de la histeria masculina es que el hombre está perdido en los espejos. Es un experto en los disfraces que le permiten esconder la falta que los agobia. Su lugar de hombre lo sostiene en las imágenes que el reconocimiento les entregue, por lo tanto cualquier trizadura en el cristal, resulta una fractura en los más profundo de su ser. Las imágenes son frágiles y él fácilmente se pierde. Tiene miedo.
Respecto de la amistad, podemos ver que los hombres histéricos no prueban su "fuerza" con el compañero. En general se ubican como el típico amigo buena onda que como decía, sabe reconocer lo que se espera de él y lo da. Le gusta que lo quieran, pero por sobretodo que lo miren. Dando obtiene el reconocimiento de sus pares y logra "parecer" como que es más fuerte para rápidamente retirarse y dar el lugar. Evita la rivalidad masculina, al menos logra que nadie lo note. El amigo ideal.
Respecto de su relación con las mujeres, los que no logran muy bien su brillantez, tienen problemas desde el inicio: juegan a los salvadores de la mujer, de esa que si no fuera por la contingencia de su dolor nunca los hubiera mirado. El lugar de salvador es una manera de hacerse reconocer, sin embargo siempre ingrata. En estos casos es algo así como "en el país de los ciegos el tuerto es rey" y este hombre al final del día lo sabe...es tuerto.
Otros, más o menos conscientes de que el problema que los aqueja se relaciona con su "virilidad" les cuesta entrar al juego de la seducción, ya que sospechan no estar a la altura de la circunstancias. Inseguridad, eyaculación precoz, depresión, o una rabia desmedida son algunos de los síntomas que los aquejan. Para éstos la mujer siempre es un problema.
Por último, a los que les anda bien la seducción (los que logran posicionarse como objeto brillante) tienen la fortuna de que las mujeres se les acercan con facilidad, sin embargo no saben mucho qué hacer. Por esto se las arreglan para no acercarse tanto y así sostener el juego del deseo. Te doy un poquito a ti y a todas. Te quito y te doy, juegan a la confusión y se desentienden de lo que hacen y provocan. Buena fórmula aunque porque no decirlo, nos vuelven locas.
Un salvavidas para sus dificultades en el amor, o más bien para resguardar la armadura, es mantener en sus sueños un amor idealizado. Los tranquiliza pensar que ninguna está a la altura, ya que la "verdadera" se fue, llegará o cuando estén preparados podrán conquistarla.
Al final del día y aunque nos hacen creer que no, estos hombres sufren. La moda actual los ayuda, les facilita los disfraces para recubrir a ese pequeño miembro: "no es necesario comprometerse", "puedes ser sensible", la belleza como estandarte, la valoración a lo cool y la buena onda de las redes sociales. Hasta aquí todo bien, sin embargo estos hombres tienen miedo a que se les pida otra cosa. Que se les pida el lugar del referente, el lugar de autoridad, el lugar del significante que calma y ordena a una mujer. Con eso no pueden, ahí siguen siendo niños. En algunos casos niños asustados, en otros niños con traje de superman, en otros niños que llaman a la mamá, ojo a la mamá no a la mujer, en fin.
Fálicamente el problema del hombre histérico es que se quedó pegado intentando "ser el falo" de la madre, algo así como un infinito "mírame mamita". Y por algunas razones que puede haber facilitado a veces la madre, a veces el padre, rechaza al significante simbólico ofrecido por el padre, quien en la lógica edípica es el portador (el padre si puede porque tiene). Así no ha podido quedarse con los títulos que le permitirían ejercer en dicho oficio: el lugar de Macho. Tener a condición de no ser. Es por esto que al menos en términos de momentos de la estructuración psíquica, siempre dejan a luz algo de un niño que no ha logrado el lugar del Varón.
Psicoanalíticamente sabemos que finalmente todo es un juego, ni se es ni se tiene. Lo difícil de vivir, es que si no se conoce el juego, éste opera como verdad que genera sufrimiento. En el problema de la histeria, los hombres sufren principalmente por dos razones una, porque el juego del ser está en las imágenes, en la mascarada, en lo que se ve: el auto último modelo, en la palabra que guste, en hacer creer que lo tiene grande, en la pelea por ser especial, en fin. La segunda razón, porque pelea o rechaza ese lugar de autoridad, de ley, con el que más bien debiera amistarse. Este rechazo lo vuelve al igual que la mujer histérica, un hombre siempre insatisfecho e inseguro. En cambio, el problema del tener o no tener, en el hombre está más simbolizado y al menos a ellos, claramente les ofrece algunas soluciones más tranquilizadoras que el juego de la máscara.

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